Blog del autor Sergio Moreno

sábado, 13 de septiembre de 2014

CALABACINES EN EL ÁTICO

Habiendo recibido ya mi ejemplar de cortesía de esta esperada antología (toma cacofonía), se me ha ocurrido algo que no he hecho hasta ahora y creo que puede resultar interesante: al ser una compilación de 33 microrrelatos he pensado que dar mi opinión (siempre lo digo: esto no es una reseña, es sólo MI opinión, de modo que espero que los autores entiendan que según mis gustos personales habrá micros que me gusten más y otros que me gusten menos, pero que siempre trataré los textos con el mayor de los respetos) después de leerlos todos me haría olvidar detalles y sensaciones que, sobre todo en el microrrelato, tienden a ser muy efímeras, así que voy a ir escribiendo mis impresiones a medida que los voy leyendo, para así ser capaz de apreciar todo en un contexto reciente, ¿os parece? Bien, espero que entendáis que el momento en el que escribo esto son exactamente las 23:30 de la noche, así que es probable que haya una segunda o tercera parte de esta entrada, no os lo toméis a mal si hoy me voy a la cama justo antes de empezar vuestro micro, jejeje. ¿Todo listo? Empecemos.

Portada: Realizada a partir de de una fotografía de Joseph Hall, es sencillamente fantástica. Una mujer vestida de blanco, sentada a una mesa con un cadáver que estudia su siguiente movimiento en la baraja. Alfombra, tapete y cortinas en el mismo tono sepia que inunda la imagen. Evocadora a más no poder. Y sobre esa imagen, una tipografía en gris anunciando el tema escogido para esta convocatoria: Grand Guignol. Buena introducción visual a su mundo.

Editorial: Vale, esto no es analizable, pero no quería dejar de destacar la enorme labor que está llevando a cabo todo el equipo de Saco de Huesos con las antologías de Calabazas en el trastero, porque no hay muchas editoriales que estén dispuestas a organizar una convocatoria cada dos meses en la que dar voz a todos esos autores que, como yo, soñamos con hacernos un ínfimo hueco en este mundo de escritores. Sólo por eso ya merece la pena apoyar sus publicaciones y felicitarles por la iniciativa. Seguid así, en serio. ¿Os he mencionado, por cierto, el buen rollo que se respira en una web llamada ociozero.com? ¿No? Pues eso.

Y comenzamos ya con los relatos. Seleccionados, como ya sabréis, por Santiago Eximeno, que creo no necesita presentación alguna. Allá vamos.

Aprendiz de sastre, María Posadillo: Me ha encantado. La prosa es hipnótica, y sus imágenes muy potentes. Imagino el maniquí resultante, su mirada. Estremece y atrae casi en la misma medida. Y el final me ha hecho sentir detrás del mostrador de tan turbadora sastrería. Buen comienzo para la antología.

Belleza interior, Esther Galán Recuero: Sangriento es la primera palabra que me viene a la cabeza tras ser mudo espectador de un macabro espectáculo. La obsesión de la mujer por gustar, el desenlace final de su locura. Todo bien retratado y urdido, funciona a la perfección. Me ha gustado. 

Caperucita Roja, Anaïs Bahillo: Una reinterpretación del cuento que, por real, casi duele. Cuesta seguir leyendo porque sabes lo que vas a ver y no quieres, y aunque el final se ve llegar desde casi el comienzo, no por ello resulta menos atroz. El estilo es directo y visual. Quizá condicionado por el título, sin embargo, ya imaginaba lo que iba a leer.

Son las 00:01 de la madrugada.

Cita a escondidas, Marina Tena Tena: Una romántica escena, muy bella, pero no he llegado a empatizar con el texto. Está muy bien escrito, pero la situación que se narra me ha resultado demasiado típica. Pero, eh, lo romántico no es lo mío, y esto es sólo mi opinión. 

Crimen dans une maison de fous, Sergio Moreno Montes: De mi micro no voy a opinar, de modo que os contaré únicamente que está inspirado en una obra real de Grand Guignol con el mismo título y que me pareció muy divertido escribir un diálogo de esa obra conociendo sólo lo que hoy en día definiríamos como su sinopsis.

Curiosa, José Manuel Fernández Aguilera: Madre mía. Este es buenísimo. Qué breve y que idea más... ¿De dónde la has sacado? Ahora mismo creo que toda la originalidad que yo creía poseer al escribir se está escurriendo hacia una enorme cloaca de sana envidia... Una princesa, una rana y un hada madrina. Es todo lo que necesitáis saber, porque ni en un millón de años seréis capaces de imaginar cómo acaba esta vez el cuento. Increible. Enhorabuena, José Manuel.

Dulce Abigail, Claudio Amodeo: Con el recuerdo de Caperucita Roja aún en mi mente, pienso en cómo se puede abordar un mismo tema desde perspectivas tan diferentes pero con idéntico final (salvando las distancias, claro). El micro está bien escrito, pero quizá al situarse tan cerca del relato anterior tienes una leve punzada de "esto lo acabo de leer" que no le sienta bien al texto. No obstante, obviando este detalle, la situación es muy perturbadora. Imaginar ese cuerpo tumbado en la cama...

El día del padre, David Calvo: Malos consejos, una llave y un secreto para una mente perturbada en un micro que mezcla con buenos resultados la evocadora escena del desván con una llamada de felicitación. Quizá demasiado escaso en desarrollo, pero intenso.

El gabinete del dentista, Miguel Chamizo: Humor negro en su máximo esplendor interpretado por dos actores de un Grand Guignol que no conocen la definición de "tacto". El cambio de tercio ante tanta sangre y mutilación se agradece y le suma enteros al resultado final. Original, como poco.

El teatro de la vida, Edgar Sega: Un niño descubriendo una nueva afición siempre es plato de buen gusto, sobre todo para unos padres tan liberales. Bien narrado, sus imágenes son claras y detalladas. Me ha encantado esa última sonrisa oculta.

Son las 00:38... Sólo un par más...

Es mi papá, José Aº Reyero, jarch: Ignoro si está hecho adrede (me inclino a pensar que no, porque los relatos están por orden alfabético), pero es curioso cómo este micro parece ser la continuación del anterior, como si los dos autores se hubiesen puesto de acuerdo para crear dos partes de una misma historia. Y el efecto es estremecedor. De nuevo la inocencia del niño, su afán de agradar a sus padres, y ellos siendo incapaces de contarles el cuento completo antes de que la inevitable tragedia se desplome sobre sus cabezas. Me ha gustado mucho, sobre todo el final. Un texto muy notable.

Estilismo, Nacho Echevarría:  Una pesadilla muy interesante, con una prosa que me ha recordado mucho al del primer micro de la antología, cuidada, bella y poderosa. No me gustaría contemplar esa última fotografía. 

Hambre, Raúl S. Vindel: Perdón, pero: joooooder... Si Miguel Chamizo nos hacía enarcar la ceja ante el desenlace de su micro, Raúl S. nos coje esa misma ceja y la estira hasta que la notamos sangrar. Imágenes muy desagradables cuyo final, no por ser de un humor negro que casi roza lo enfermizo, dejará de sorprendernos. Pero, hey, de eso se trata en esto del terror, ¿no? Macabro (y, al menos en mi cabeza, plausible) como pocos.

Hoodoo Voodooo Show, Salomé Guadalupe Ingelmo: Un perturbador retrato del alma humana con dosis de fantasía que te arrastra en cada palabra hasta un final tan cercano como turbador. Gran narración, mejores reflexiones. Muy bueno.

Y con este, me voy a la cama. Son las 00:59 y hasta aquí llega esta opinión redactada en tiempo real. Creo que el experimento ha sido interesante, y este tiempo de lectura, una delicia. Me acuesto saciado de Grand Guignol y con la certeza de que la antología mantendrá el gran nivel que ha mostrado en sus 53 primeras páginas. No sé cuando podré continuar con la siguiente entrada, pero no será dentro de mucho. Y mientras tanto, y si a alguno de los autores que os habéis asomado por aquí os apetece, os invito a que me hagáis llegar vuestra opinión acerca de mi texto en esos comentarios que tenéis ahí abajo. Buenas noches a todos y enhorabuena. 
Por el momento, estoy disfrutando como un enano con el libro.